Cuando cultivamos tomates en casa, es frecuente encontrarnos frutos con grietas, manchas, cicatrices o formas extrañas. No todas estas marcas significan que el tomate esté enfermo o que haya que desecharlo.
La pudrición apical, las grietas provocadas por cambios bruscos de humedad, las cicatrices conocidas como cara de gato o las quemaduras solares son algunos de los problemas más habituales en el huerto. Muchos están relacionados con el riego, el calor, el sol o las condiciones durante la floración.
Por eso, antes de tirar un tomate por su aspecto, conviene identificar qué le ha ocurrido. Un tomate puede presentar una imperfección externa y seguir siendo aprovechable, siempre que no presente podredumbre, moho o deterioro.
La mejor prevención pasa por mantener un riego regular, acolchar el suelo, evitar situaciones de estrés para la planta, mantener una buena ventilación y cosechar los frutos en el momento adecuado.
Un tomate feo no tiene por qué ser un tomate malo. En el huerto, aprender a interpretar sus marcas también forma parte de aprender a cultivar.


